La senda estrecha
Una mujer tuvo un sueño que domino su vida y convirtió sus amarguras en dulzura, ella soñó que formaba parte de una multitud que estaba en frente a un prado verde, esta mujer era joven y estaba gozosa pero de repente mira hacia delante y ve un camino angosto empinado áspero y tortuoso en medio de las rocas, el camino siempre era ascendente y no solamente tenía todas las dificultades de las rocas sino que estaba tapizado de cardos y espinos, y una vos imperativa le dijo mas allá esta tu camino de vida camina por él. Ningún humano podría caminar por esos abrojos sin sangrar ninguna fuerza humana puede ascender por un sendero áspero, me desmayaría, sangraría y moriría, ella rehusó con estas palabras, la vos más firme dice: ese es el camino que te eh trazado camina en el. Ella obedeció a la voz y comenzó a caminar, y a los pocos pasos, estaban las piedras y los abrojos, pero cuando ella iba a poner el pie, un niñito como un ángel se le acerco y limpio el espacio necesario para terminar de dar el paso luego paso lo mismo al dar el segundo paso y así sucesivamente, pero nunca le preparaba el camino sino cuando ella estuviera dispuesta a dar un paso a la vez, al fin ella se volvió para mirar cuanto había avanzado y vio al salvador indicando al niño donde debía limpiar el camino para el próximo paso.
Esta historia lo escribió una mujer en el año 1893, ¿mucho tiempo verdad? Pero bendijo tanto a aquella generación y sigue bendiciendo la nuestra en este año por tanto tiempo este testimonio a bendecido tantas vida, porque sin dudas este es el Dios que quiere guiar nuestros pasos, así como hemos escuchado en esta historia nosotros debemos estar dispuestos a dar un paso a la vez. Cuantas veces queremos ver todo el guion de la película, queremos saber todo a donde nos depararía queremos ver todas las cenadas limpias como si fuera la senda de una novia que entra en una alfombra roja y colocan pétalos de rosas a su paso, queremos muchas veces ese tipo de sendas pero no es así la vida.
La palabra de nuestro Dios nos dice en Salmos 17:5 “sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen”
Esto lo dijo el salmista, el estaba diciendo Señor guía mis pasos alimenta mi vida, sustenta mis pasos en tus caminos, yo no quiero mis caminos, yo no quiero los caminos que me proponen la moda, que me propone el falso placer de esta vida, yo quiero seguir tus pasos, yo quiero seguir tus caminos, porque estoy seguro que si tomo ese camino mis pies no resbalaran.
Por ello es tan importante dejar que sea Dios el que este guiando nuestros pasos dejemos que sea su palabra nuestra lámpara, el salmista también dijo: “lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino. Lo que tenemos que hacer es reconocer que no conocemos la senda reconocer que necesitamos que sea el Señor el que guie nuestros pasos, reconocer que necesitamos el manual del fabricante, el manual de Dios que es la Biblia, para que nos de sus principios para transitar los pasos serios y firmes y victoriosos.
Parecería que las sendas tortuosa, difícil áspera y hasta parecería que no tiene sentido, pero sigue los pasos del señor y el te conducirá en victoria.
Ahí donde estas sintonizando las Buenas Noticias, es el momento propicio para dar el mayor de los pasos que el ser humano puede dar, el de permitir que sea Jesucristo el que entre en tu corazón y que sea Él a partir de ahora el que gobierne tu vida, dale tu corazón al señor dile ahora mismo lo siguiente.
Padre celestial te doy las gracias Señor por permitirme ahora acercarme a ti, reconozco Señor que por tanto tiempo estuve lejos Señor, pero hoy te entrego mi corazón, te entrego todo mi ser, quiero a partir de ahora que seas tú el que gobierne mi vida, y que seas tú también el que guie cada uno de mis pasos, te necesito tanto señor, yo me aferro fuertemente de ti y a partir de ahora quiero transitar esta parte de mi vida, ya no puedo Señor volver hacia atrás quiero en mi presente y en mi futuro tomarme fuertemente de ti, porque quiero llevar a partir de ahora una vida victoriosa.
Muchas gracias Señor Jesús en tu nombre.
Amén.
Pr. José Luís Díez Pérez
|